terça-feira, 27 de novembro de 2018

A verdade, filha do tempo e do poder

A moldura da verdade:
a conveniência do tempo e do poder
Para los historiadores y los biógrafos, las fuentes siempre son un dolor de cabeza. No se bastan a sí mismas. Si una fuente dudosa quiere tener derecho a la letra de molde, debe ser confirmada por otra y ésta a su vez por una tercera. La cadena es a menudo infinita, a menudo inútil, porque la suma de fuentes puede también ser un engaño. Tómese el acta de casamiento de Perón y Evita, por ejemplo, en la que un escribano público de la ciudad de Junín confirma la veracidad de los datos. El casamiento no es falso pero casi todo lo que dice el acta sí lo es, de principio a fin. En el momento más solemne e histórico de sus vidas, los contrayentes –así se decía entonces– decidieron burlarse olímpicamente de la historia. Perón mintió el lugar de la ceremonia y el estado civil; Evita mintió la edad, el domicilio, la ciudad donde había nacido. Eran imposturas evidentes, pero pasaron veinte años antes de que alguien las denunciara. En 1974, sin embargo, el biógrafo Enrique Pavón Pereyra las declaró verdaderas en su obra Perón, el hombre del destino. Otros historiadores se conforman con transcribir el acta y no discuten su falsía. A ninguno se le ocurrió, sin embargo, preguntarse por qué Perón y Evita mentían. No necesitaban hacerlo. ¿Evita se añadió tres años para que el novio no le doblara la edad? ¿Perón se fingió soltero por pudor de ser viudo? ¿Evita imaginó que había nacido en Junín porque era hija ilegitima en Los Toldos? Esos detalles nimios ya no les inquietaban. Mintieron porque habían dejado de discernir entre mentira y verdad, y porque ambos, actores consumados, empezaban a representarse a sí mismos en otros papeles. Mintieron porque habían decidido que la realidad sería, desde entonces, lo que ellos quisieran. Actuaron como actúan los novelistas. La duda había desaparecido de sus vidas (Thomás Eloy Martínez, Santa Evita).

Essa longa transcrição é para exemplificar - na brilhante narrativa que Martínez produz em torno da biografia de Evita Perón - a relativização da verdade diante das determinações do poder, sempre de acordo com as variáveis de cada conjuntura. Foi assim com Perón, foi assim com Stálin e certamente foi assim na construção de todos os projetos totalitários. Está sendo assim nesta reinauguração da nossa história que começa a ser ensaiada pelos novos futuros donos do poder que chegam a Brasília na maré montante do bolsonarianismo...

É o que está por trás desse esdrúxulo movimento Escola sem Partido, da revisão conceitual do golpe de 1964 e, agora, na reescrita de toda a nossa história contemporânea, a julgar pela disposição mostrada pelo comandante do Exército, General Eduardo Villas Bôas, em rever a narrativa histórica sobre a Intentona Comunista de 1935 para evitar derramamento de sangue "verde e amarelo" (leia aqui). Não sei o que isso quer dizer, mas me parece clara a intencionalidade do propósito: rever o passado para escrever o presente. Acho que foi Foucault quem disse que registros históricos são monumentos mais do que documentos. O General não deixa dúvidas a respeito disso...

Atualização: * Onda conservadora é regresso civilizacional (Carta Capital)
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